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No cabe duda de que lo afectivo es muy importante para el aprendizaje de una lengua extranjera. Potencia la implicación de los alumnos y su interés en lo que aprenden. La dimensión afectiva tiene que ver, por un lado, con las relaciones que se establecen en el aula para tener un buen ambiente de trabajo; y, por otro lado, con los factores individuales del aprendiz, como su motivación, su autoestima y confianza. 

La enseñanza es el arte de cambiar el cerebro.

Antes de cambiar el cerebro de nuestros alumnos, de lograr que aprendan el español, hace falta que conectemos con sus cerebros. Y esto sucede cuando se sienten cómodos y tienen interés. Sucede más fácilmente cuando, a la vez que enseñamos bien la lengua, tenemos en cuenta el autoconcepto de nuestros alumnos (cómo se perciben) y su autoestima y confianza en sus habilidades para aprender.

Robert Reasoner, Presidente del Consejo Internacional para la Autoestima, hace énfasis en que trabajar la autoestima en la enseñanza no es cuestión de hacer simplemente que el aprendiz se sienta bien, sino de ayudarle a lograr su potencial en el proceso de aprendizaje. Podemos incluir en nuestras clases, a veces, actividades especiales que, a la vez que trabajan diferentes aspectos para la adquisición de la lengua, fortalecen la autoestima de nuestros alumnos. De esta manera, plantamos semillas de confianza.

Hay mucha investigación que muestra que la autoestima y los logros académicos van de la mano. En dos estudios de clase de lengua extranjera (uno, en Argentina; y, el otro, en España) se emplearon actividades para enseñar la lengua, pero también para tener en cuenta el autoconcepto del alumno. En los dibujos que los alumnos hicieron de sí mismos al principio y al final de cada estudio, se ve una mejoría de su autoconcepto, y, a la vez, había avances significativos en su aprendizaje de la lengua. 

El profesor Reasoner tiene un modelo de cinco componentes de la autoestima que se pueden trabajar en el aula. 

  • Seguridad (sé que me siento seguro).
  • Identidad (sé quien soy).
  • Pertenencia (sé que los demás me aceptan).
  • Propósito (sé lo que quiero lograr).
  • Competencia (sé que soy capaz).

Vamos a mirar ahora cada componente y explorar algunas de las maneras de trabajar con ellos en el aula de ELE. 

El sentido de seguridad.
  1. Los alumnos se sienten libres de preocupaciones excesivas y ansiedades.
  2. Asumen riesgos.
  3. Concentran su energía en la tarea que se propone. 
  4. Hacen más preguntas y expresan su opinión.

En cualquier aula, el sentido de seguridad es importante, pero aún más en el caso de una lengua extranjera, porque aprender a hablar una lengua, hay que hablar en la lengua y no es siempre fácil para los alumnos en un vehículo lingüístico que no se domina. Por eso, un clima de aceptación y seguridad es necesario y, para ello, es útil implicar a los alumnos en la definición de reglas, normas de comportamiento en el aula. Por otro lado, el enemigo más grande del sentido de seguridad en el aula ELE es el miedo a cometer errores. Por eso, a principio de un curso, pongo carteles como estos en la pared: 

Los errores son las puertas al descubrimiento.

 – James Joyce –

No vale la pena tener libertad si ésta no incluye la libertad de equivocarse.

– Mahatma Gandhi –

Las únicas personas que nunca cometen errores son las que nunca hacen nada.

-Thomas Henry Huxley-

En el aula el error es un regalo para la clase.

-Caleb Categgno-

Los alumnos se levantan de sus sillas y los van leyendo hasta que se quedan al lado de la frase que más les guste. A continuación, se agrupan aquellos que hayan escogido la misma frase, para que cada uno piense en un momento de su vida en el que haya cometido un error. 

Para empezar, yo les cuento un error mío: un día llegué a clase y me di cuenta de que me había puesto un zapato negro y otro marrón. Pero no es todo. Uno tenía un tacón alto y, el otro, un tacón más bajo. 

De esta manera, se intenta desdramatizar el cometer errores al hablar. Es normal cuando se habla una lengua. En el aula hay que apoyar esta idea usando manera de corregir sus errores que no les incomoden. 

Si en el aula procuramos escuchar no sólo los errores que cometen, sino también a la persona que habla, puede tener un efecto muy positivo en el clima del aula. 

El sentido de identidad.

Se refiere al conocimiento y las percepciones que tenemos de nosotros mismos. Es saber quién soy y qué puedo llegar a ser. 

Don Quijote dijo a Sancho Panza: Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse.

La identidad se puede definir como la imagen que tenemos de nosotros mismos y nuestra autoestima. Tiene que ver con cómo nos sentimos con esta imagen. 

Para apoyar el sentido de identidad de nuestros alumnos, algunas sugerencias son: 

  • Promover el desarrollo del autoconcepto positivo.
  • Demostrar aceptación de los alumnos e interés en ellos como personas. 
  • Ayudar al alumno a reconocer sus fortalezas y sus puntos para desarrollar. 

Podemos intentar trabajar individualmente para buscar maneras de facilitar las tareas que les resultan difíciles en el aprendizaje de la lengua. Reforzamos nuestro sentido de identidad si hablamos bien de nosotros mismos. Esto se puede trasladar al aula en el contexto de un juego.

Podemos crear una tabla como la que se muestra a continuación, adecuada al nivel de nuestros alumnos. 

Empezar Algo que puedo hacer bien. Una meta que tengo. Una persona que admiro.
Un recuerdo agradable Un valor que es importante para mí. Algo bueno que me ha pasado esta semana Algo que me hace feliz
Una vez que he ayudado a alguien Un lugar especial para mí Algo que espero hacer este año Un regalo que me gustó
Terminar Mi canción favorita Un amigo Una vez que alguien me ha ayudado

En grupos reducidos, tiran una moneda. Si es cara, avanzan una casilla; si es cruz, avanzan dos casillas. En la casilla que les ha tocado, hablan del tema propuesto en ella a su grupo. Luego, al terminar, toda la clase dice algo que ha aprendido de uno de los compañeros. A la vez que han trabajado con la comprensión auditiva y la expresión oral, se ha apoyado un aspecto importante de su autoestima. Actividades como ésta son útiles a principios de un curso, para que los alumnos se vayan conociendo. 

Para la autoestima, además de tener un sentido fuerte de nuestra identidad, es importante sentirse aceptado por los demás, estar conectado con los otros, es decir, el sentido de pertenencia. 

El sentido de pertenencia. 

Para trabajar el sentido de pertenencia podemos: 

  • crear un clima de aceptación;
  • promover el sentido de orgullo de pertenecer al grupo; 
  • tener en cuenta las relaciones interpersonales en el aula.

En clase podemos buscar maneras de crear una comunidad de aprendizaje que apoya al sentido de pertenencia. Con el aprendizaje de una lengua, el grupo es especialmente importante, porque la interacción es central en el proceso de aprendizaje. Al principio de un nuevo grupo se pueden usar algunas actividades que faciliten el conocimiento entre los propios alumnos, así se sentirán cómodos y dispuestos a usar el español para interactuar y llevar a cabo las tareas que necesitan hacer juntos. Algunas características de buenas actividades para romper el hielo son que ayuden a los alumnos y a nosotros, como profesores, aprender los nombres de nuestros estudiantes. Permiten que los estudiantes hablen con varios compañeros, para compartir información sobre ellos mismos, reducen la ansiedad y favorecen la cooperación. Una opción sería ponerles en grupos de forma aleatoria y darles una lista de cosas apropiadas para nuestros alumnos, interactúen y encuentren aquellas cosas que tienen en común. 

Tenemos mucho en común.
  • Una cosa que todos hacemos en el tiempo libre.
  • Un lugar donde a todos nos gustaría viajar.
  • Algo que todos buscamos en un amigo.
  • Una meta que todos tenemos.
  • Un rasgo positivo que todos compartimos.
El sentido de propósito.

Básicamente, es un sentido de dirección y motivación. La conciencia de lo que queremos lograr, que nos lleva a plantear objetivos realistas y alcanzables. 

La persona con objetivos  tiene éxito porque sabe a dónde va.

-Earl Nightingale-

Una manera de facilitar el sentido de propósito es cuando transmitimos expectativas positivas y mostramos confianza en su capacidad de aprender la lengua, si enfatizamos la relevancia de lo que aprenden para su vida. Un ejemplo de trabajar esto en el aula sería pedir a nuestros alumnos que reflexionen sobre su aprendizaje del español, las ventajas que tendrían para ellos y cómo trabajar para aprender mejor.

¿Cómo me ayudaría saber más español ahora?

¿Cómo me podría ayudar en el futuro?

¿Cómo influiría en mi confianza?

¿Qué puertas me abriría saber más español?

¿Qué herramientas y habilidades tengo para aprender español?

¿Qué puedo hacer para aprender mejor?

Se puede animar a nuestros estudiantes para poner metas semanales o para todo el curso referidas a lo que quieren lograr: el desarrollo de algunas de las destrezas, el aprendizaje de diversos aspectos de la lengua… Sus actitudes, hábitos de estudio, etc. Si es para la semana, pueden hacer una lista e ir tachando lo que van logrando. Al final de la semana, reflexionan sobre lo que podrían hacer para lograr los otros objetivos.

El profesor Reasoner propone trabajar con valores. En clase de lenguas extranjeras es importante trabajar con temas interculturales. El Centro Virtual Cervantes dispone de una útil herramienta llamada Historias de debajo de la Luna.

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El sentido de competencia.

Procede de pensar que podemos superar los retos y lograr nuestras metas. Es tener confianza en nuestro potencial para tener éxito y saber que si trabajamos, podemos alcanzar nuestros objetivos. El esfuerzo es parte esencial.

Los profesores podemos influir mucho en la confianza y, por tanto, el sentido de competencia de nuestros alumnos. Para desarrollar este sentido, podremos plantear diversas opciones si tienen dificultades, incentivarles cuando realicen algo bien, en otras palabras, enseñar para el éxito. 

Para que aprecien el sentido de competencia, les propondremos que piensen en un momento en su vida en que hicieron algo bien. Que vuelvan sentir como se sintieron entonces. Luego, en grupos pequeños, cuenta cada uno ese momento a los compañeros. Otra actividad sería jugar al ping pong de los talentos. Les pedimos que piensen en cosas que pueden hacer bien y en algún aspecto de su aprendizaje que también hacen bien. Después de repasar la construcción “tengo talento para + verbo”, les decimos que, en parejas, el alumno “A” tiene un minuto para contar al alumno “B” cosas que hacen bien, empezando la frase “tengo talento para…”. Cuando termina, el otro compañero le devuelve las respuesta diciendo “tienes talento para …”. Por último, el estudiante “B” cuenta sus cosas (“tengo talento para…”). 

Jane Arnold.

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Jane Arnold Morgan es Catedrática de Metodología de la enseñanza de lenguas en la Universidad de Sevilla. Además de coordinar publicaciones sobre la enseñanza de segundas lenguas  y haber participado en varios de libros de referencia, Jane ha paseado su experiencia docente en la enseñanza de español por medio mundo. Pertenece al grupo de investigación Enseñanza de Lenguas: la Dimensión Afectiva de la misma universidad. 

Recomendamos la lectura del artículo Los factores afectivos en el aprendizaje del español como lengua extranjera* 

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