En esta mesa redonda, se van a tratar los aspectos más relevantes de la didáctica de la pronunciación del español. Intervienen Aarón Pérez, Soledad Luque y Antonio Hidalgo.

PONENTES

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¿Qué cosas debemos saber los los profesores a la hora de enfrentarnos a una clase conectada con la función y la fonética?

Aarón Pérez

Mucha gente me pregunta, cuando hablo de pronunciación y de formación en este ámbito. Hay tres pilares básicos:

  1. Un conocimiento bastante amplio del sistema fonético y fonológico de la lengua española.
  2. Herramientas para analizar la interlengua. Ese momento que hay entre la lengua materna y la lengua que el estudiante empieza a estudiar, pues cómo analizarla.
  3. Las técnicas de corrección y de enseñanza de pronunciación, cómo llevo esto al aula.

Soledad Luque

Efectivamente, el profesor de español no tiene porqué ser un especialista en fonética. ¡Ojalá los profesores fueran especialistas en todo! Yo creo que, como dice Aarón, hay cuestiones muy básicas que sí se necesitan conocer.

Y sobre todo el tener una gran curiosidad por todas las cosas que se están haciendo, ahora mismo hay recursos en Internet, páginas estupendas, dónde se puede encontrar muchísima información y muchos talleres que el profesor de ELE puede utilizar, a los que puede acudir para tener una formación especializada sin llegar a ser un fonetista.

Antonio Hidalgo.

A mí me gustaría añadir a lo que habéis comentado que, efectivamente, es conveniente que el profesor tenga esa curiosidad y es necesario, por otra parte, El problema es la formación del profesor, hoy en día, por mi experiencia y por lo que creo conocer de los planes de estudios de las titulaciones universitarias, de nivel de grado, la verdad es que no en todos los títulos, no en todos los grados, la fonética tiene la consideración que debería tener. Evidentemente, esto repercute negativamente en la formación del profesor que no es que no sea experto en fonética, que por supuesto no tiene por qué serlo, es que a veces el que va a ser especialista y profesor de español como lengua extranjera ni siquiera tiene los fundamentos básicos y a esto se añade las enseñanzas superiores, a nivel de máster: no en todos tiene la fonética la consideración que debería tener.

Aarón Pérez.

Por desgracia, se ve como algo externo, muy científico, complementario, que no tiene tanto que ver ni con la enseñanza ni con la filología.

Soledad Luque

Sin embargo, es algo tan básico e imprescindible como que es aquello que nos va a dar una buena comunicación. Tenemos en muchas ocasiones estudiantes de C1 que conoce todo el espectro gramatical del español, léxico, etc. Tiene unos recursos magníficos, pero tienen un déficit en la pronunciación muy importante.

Parece como si la pronunciación fuera “la más fea del baile”. Yo creo que, desde hace unos años, es cuando se está dando más importancia a la fonética en la enseñanza, pero también se está enseñando desde un punto de vista muy teórico, en algunas ocasiones, y eso es un problema. Está muy bien que digamos a nuestros estudiantes de español qué es un oclusiva frente a una aproximante, por ejemplo, pero lo interesante y lo importante es que sepan pronunciar una oclusiva frente a la pronunciación de una aproximante, que tenga esas técnicas, por lo tanto, un profesor no solamente debe conocer los recursos básicos, sino también los teóricos, cómo llevarlos a la práctica. Es importante que tenga una visión interdisciplinar de diferentes métodos.

A veces, entre profesores de español, existe la creencia de que los alumnos pueden no pronunciar bien, si no impedía la comunicación, porque están haciendo el esfuerzo. Esto es una idea errónea.

Soledad Luque.

Finalmente, esto afecta a la comunicación.

Antonio Hidalgo.

Y muchas veces, no tanto la pronunciación de sonidos, sino la prosodia, la entonación, la forma en que se articula una frase, porque eso si no se conoce o no se hace adecuadamente a la lengua en cuestión, eso genera ambigüedades, malentendidos y no es que no se pronuncia bien, es que a esta persona, si no sabe utilizar adecuadamente los elementos prosódicos, pues no la van a entender, por muy bien que pronuncie los sonidos.

Qué podéis recomendar a sus profesores que tengan estudiantes con diferentes necesidades dentro del aula. Por ejemplo, estudiantes que vienen de inmersión a aprender español y tienen unas necesidades diferentes. ¿Qué hacemos?

Soledad Luque.

Lo ideal, por supuesto, es tener un grupo homogéneo en cuanto a nuestros estudiantes. No es lo habitual. Hay que saber qué podemos hacer. ¿Hay algunas cuestiones universales que se puedan trasladar al aula? Bueno, lo que yo creo que sí hay algunos aspectos elementos elementales de nuestra lenguaje español que se pueden trasladar al aula, tengamos estudiantes americanos, chinos, etc., cosas que son muy básicas, fundamentales y que no tienen porqué ser una cuestión de segmentos o de suprasegmento, sino que forma parte de la estructura del componente fónico del español, me estoy refiriendo a cosas como la tensión articulatoria, muy importante a la hora de estudiar el español. El español tiene una tensión altísima frente a otras lenguas como el inglés, la diferencia entre la sonoridad y la sordez existe en este idioma, pero no de igual manera que en español. Otro aspecto es la base de articulación, cómo están nuestros órganos articulatorios en el momento de reposo.

Estas cuestiones que son muy básicas, se pueden llevar a la clase de ELE, hay ejercicios para practicar y para determinar qué es lo que necesita no un estudiante determinado, sino todos los estudiantes. Yo centraría más las primeras clases en esas cuestiones que pueden ser sino universales, sí básicas de nuestra lengua. También es muy importante tener en cuenta que no vamos a hacer estudiantes que sean perfectos, en cuanto a la pronunciación, no estamos buscando formar nativos, ni formar a espías.

Necesitan tener una pronunciación correcta. Hay que observar una jerarquía de los errores. No son lo mismo los errores que influyen en la comunicación que los errores que influyen para reducir un poco el acento extranjero, es decir, hay cosas que te permiten centrarte en determinados aspectos, que pueden venir bien a todo tipo de estudiante.

Antonio Hidalgo.

En cualquier caso, es conveniente que el profesor se haga una composición de lugar, del grupo de estudiantes que tiene delante, sobre todo, si son de nacionalidades distintas, porque hay unas cuestiones básicas que se pueden llevar al aula y se debe llevar al aula. La cuestión es cómo motivar, cómo incitar al estudiante a que participe de verdad. Porque en la medida que participe, va a interiorizar esas características y las va a hacer propias, de manera que las va a poner en práctica.

No todos los estudiantes, en función de su origen geográfico, de su nacionalidad, de su cultura, pues, son son iguales. Quizás sea un estereotipo, pero siempre decimos que los estudiantes orientales son un poco más retraídos, menos participativos, pero luego son buenos estudiantes de gramática y léxico, pero tienen dificultades con la pronunciación. Cómo hacer que este tipo de estudiante se presten a esa participación más intensa. Con los estudiantes europeos hay menos problemas, depende del país, por supuesto, pero los franceses, italianos, etc., normalmente no suele haber problemas, incluso, los norteamericanos.

El profesor debe tener una habilidad en el desarrollo de actividades que facilite la participación y los alumnos apenas se den cuenta.

Soledad Luque.

Es cierto que la clase de fonética no es (con todo respeto a la clase dónde se estudia gramática) el subjuntivo. Sí que se necesita un acercamiento, incluso, yo diría, físico, porque tienes que decir dónde tiene que poner la lengua. Se realizan actividades y técnicas en clase que precisan no solamente ese acercamiento, sino también de un ambiente muy relajado, muy afable, para que el estudiante no sienta esa timidez y ese reparo que no tiene por qué sentirlo y, de hecho, no lo siente cuando está, por ejemplo, jugando un verbo en pasado, sino que hay un componente afectivo en la pronunciación que no está en otras clases.

Aarón Pérez.

Entra en juego lo afectivo, reivindico mucho la individualización del aprendizaje, aunque siempre es ideal, pero, incluso, en clases monolingües, donde tal vez tengan la misma lengua materna, cada estudiantes es un mundo, cada estudiante tiene unas actitudes diferentes, puede ser capaz de realizar sonidos, cuando el de al lado no, y, a lo mejor, el de al lado sabe más lenguas. Confluyen muchos más factores, el acercamiento o la idea que tiene de sí mismo de la lengua que quiera aprender, cómo se ve como hablante, etc. Tienen tantos factores en juego con la pronunciación que por eso le viene grande al profesor de ELE, dice: “no, ahí no me voy a meter”. Pero es que lo que yo quiero que vean los profesores de español es que igual que se meten en la diferencia de algún aspecto gramatical, por qué no meterse en este mundo, que es muy productivo.

Antonio Hidalgo.

Hoy en día, con los avances tecnológicos, hay una serie de plataformas electrónicas, programas informáticos, páginas de Internet, que nos ofrecen herramientas que van a hacer mucho más ameno el aprendizaje y mucho más fácil para el profesor llevar esas pautas básicas al aula. Pues, páginas que te permiten observar cómo una animación en la articulación de determinados sonidos. El estudiante no se va a ver forzado de una manera inmediata en pronunciarlo. Lo está viendo y eso, de alguna forma, le va ayudar a imitar esa articulación.

Soledad Luque.

Porque, además,lo que tiene la fonética es lo físico, es algo tangible. Lo puedes escuchar y lo puedes ver con un programa de espectrogramas. Puedes usar el oído, la vista, el tacto, etc.

¿Qué recomendáis para el tratamiento didáctico de la pronunciación?

Antonio Hidalgo.

Yo creo que lo mismo que se pueda decir del aspecto entonativo, prosódico, etc., se podría decir de los sonidos o del ámbito segmental. Por supuesto que hay que enseñar los sonidos y hay que hacer una labor simultánea de enseñanza y corrección. Yo creo que está bastante extendida a la idea, por ejemplo, en el ámbito de la de la entonación, en concreto, de que como es algo interiorizado en el individuo, que tenemos de manera tan íntima de nuestro saber lingüístico, pues que no se puede enseñar. Pero nada más lejos de la realidad, porque desde el punto de vista de la prosodia (y esto también lo extiendo a los sonidos), todo lo que no se enseña, no se puede aprender, sobre todo, teniendo en cuenta que hay una serie de elementos recurrentes, una serie de elementos sistemáticos que se repiten y que, por lo tanto, forman parte del sistema de la lengua, del código de la lengua, lo que conocemos como la gramática, pero extendido al ámbito fónico. Es decir, la fonética y la fonología tiene su propia gramática. Hay que enseñarlo.

Además, si no se dan unas pautas o no se proporcionan unas pautas más o menos adecuadas, pues se puede correr el riesgo de problemas de la comunicación. Es decir, cuando una frase o un enunciado no se articula correctamente, desde el punto de vista de la entonación, el resultado puede ser un malentendido, puede sonar esa frase como descortés, cuando, en principio, no era esa la intención de la persona que ha pronunciado esa frase. Sencillamente, porque no ha sabido asignar el patrón entonativo correspondiente a ese enunciado concreto en el contexto dado. Entonces es evidente que no es fácil enseñar la entonación, como tampoco es fácil enseñar los sonidos. El problema es utilizar algún tipo de pauta, algún tipo de protocolo para facilitar la enseñanza. Hoy en día, tampoco veo mayor problema. Bueno, es un problema aprenderlo y enseñarlo, pero se puede facilitar indudablemente con el manejo de determinadas herramientas, por ejemplo, el programa PRAT, una aplicación informática que es gratuita, no es del todo intuitivo el proceso de aprendizaje o de familiarización con el manejo, pero, bueno, es un programa que, en su uso básico, el profesor puede enseñar al estudiante determinados manejos prosódicos y segmentales, además de los sonidos. El estudiante puede comprobar su comportamiento lingüístico en la pantalla, de manera que podrá jugar con su propia voz, para poder manipular los parámetros que se pueden visualizar en la ventanilla. El profesor también debe actuar monitorizando ese proceso de corrección, porque si el alumno no lo está haciendo bien, pues el profesor está también para eso, para vehicular un poco el proceso de corrección. Esto sería, en principio, una cuestión básica de decir que hay que enseñar la entonación, porque insisto, la entonación y los sonidos no son algo que se aprenda de forma espontánea, como, a veces, estamos acostumbrados a escuchar.

Soledad Luque.

Es una de las falsas ideas que se tienen, en cuanto a la pronunciación.

Yo quería añadir algo respecto a la parte segmental, entre esa diferencia de enseñar y corregir, enseñar en el caso de que el sonido no esté en la lengua materna del estudiante, corregir si está ahí solamente y tiene que haber una pequeña variación, etc.

También sé que habitualmente se dice que es más fácil enseñar que corregir, porque de alguna forma, en algún aspecto a la hora de enseñar, pues, te encuentras con un campo más virgen, donde tú puedes sembrar algo. Y, en el caso de la corrección, te encuentras ciertas interferencias de la lengua materna. Yo tengo que decir que, por mi experiencia, no hay una gran diferencia entre las técnicas que se pueden aplicar, entre lo que te encuentras en el estudiante, que tienes que modificar un poco, y entre lo que no te encuentras y tienes que implementarlo. No hay ninguna diferencia. Principalmente, yo creo que lo que se debe hacer es observar qué jerarquía hay, en cuanto a importancia. Entonces, no importa tanto si el elemento, el fonema está o no está, sino si afecta o no a la distinción de palabras, si afecta a la comunicación. Si no es un error más fónico, debemos ver si es un error más fonético o alofónico.

Aarón Pérez.

En comparación con otras áreas lingüísticas que se enseñan en el aula, veo la cantidad de métodos avanzados que tenemos. Pero la fonética se ha quedado en lo audiolingual, en “escucha y repite” y ahí se queda todo.

Como decía Antonio, las nuevas tecnologías permiten muchísimas posibilidades (hay que formarse en ellas), pero, sobre todo, ofrecen posibilidades en cuanto a cambiar la metodología. Por ejemplo, si tengo un manual donde hay un ejercicio de “escucha y repite”, pero yo ya sé que escuchar y repetir no funciona al 100%, sé que voy a tener que trabajarlo de una manera mucho más amplia y, sobre todo, a largo plazo. De esas técnicas de enseñanza y corrección, hay que saber que hay algunas que pueden funcionar a corto plazo, pero la gran mayoría es un trabajo planificado y cuando planifico el curso, planifico también la enseñanza y la corrección de la pronunciación desde primer momento, de una manera integral.

Soledad Luque.

No es ese el perfil del profesorado de español.

Se trata de integrar en todas las actividades que se hagan en el aula de español algún aspecto fonético. Por ejemplo, si tengo que hacer una actividad con infinitivos, veo cómo los alumnos puedan pronunciar la ere final. O hacer un ejercicio comunicativo de preguntar direcciones, pues voy a ver cómo utilizar la entonación adecuada.

Aarón Pérez.

Hay cosas que te las encuentras: “no puedo ser capaz de comunicar en esta actividad comunicativa, porque me falta lo mejor, por ejemplo, pronunciar un sonido importante y es la persona que tengo delante, el estudiante, o el profesor mismo, no me llega entender bien. Pasa mucho con alumnos chinos. Me ha pasado muchas veces y se frustran. Hay momentos en los que tienes que parar y hacer una clase propiamente de fonética que ayude, pero siempre teniendo en cuenta que en ese momento no se va a adquirir, no se va a aprender, sino que va a ser algo a medio o largo plazo.

Cuando hablamos del español, que es un concepto amplio, con tantas variedades, ¿cómo llevamos eso a clase? ¿Qué español enseñamos en el aula?

Aarón Pérez.

Muchas veces, seleccionamos el que nos es más cercano. Hay mucha polémica sobre todo esto, hay mucha gente que dice que habla español puro, español correcto. ¿Cómo decidimos, qué criterios tenemos a la hora de seleccionar el acento y la variedad que vamos a enseñar? Pues, muchas veces, la propia variedad de donde vive el alumno, que, a veces, el alumno no vive en inmersión, y yo creo que es ahí donde hay más dilema. Cuando el alumno vive en inmersión, quiere comunicarse en una zona determinada. No obstante, se tiene el prejuicio de, bueno, aunque viva en Málaga o en Sevilla, se suele tener ese prejuicio al acento andaluz. Aunque viva aquí, yo lo voy a enseñar otro, porque le va a servir para irse fuera. Yo creo que la clave es elegir el acento o la variedad más estándar dentro de una zona, porque dentro de un área. Yo creo que hay muchos estándares, que no hay solo uno, es algo que tenemos aceptado todos, más o menos.

Al profesor de español le cuesta aceptar que hay muchos estándares, que no hay uno solo, que no hay un español único, perfecto, y ahí es donde hay que elegir. El problema viene cuando tengo que elegir qué español enseñar fuera de la inmersión. Dependerá del propio profesor, de su acento, de su identidad lingüística, pero siempre valorando la posibilidad de que existen otros acentos en el aula, de que se lleven y se trabajen, a lo mejor, no de manera central, pero sí que el estudiante también elija qué acento quiere aprender. A mí me gusta mucho preguntar al estudiante si quiere pronunciar la ce o no, porque a veces no le interesa o le cuesta mucho más esfuerzo de lo que va a ser productivo en su vida diaria. Obviamente, comprenderlo y, a nivel auditivo, lo voy a usar y voy a hacer ejercicios para que lo entienda, porque, además, sirve para escribir, mantiene una doble utilidad, pero a la hora de producirlo, ¿por qué tengo que gastar tanto esfuerzo y que el alumno lo haga, si no quiere? Ahora, bien, si quiere, perfecto, lo trabajamos. Siempre hay que dar a elegir esa opción al estudiante y, por eso, individualizar la enseñanza de este aspecto.

Soledad Luque.

Totalmente, de acuerdo. Es importante que ellos tengan una muestra de todas las variedades que hay y claramente eliminar el prejuicio de que hay un español mejor que otro. Disponemos del catálogo de voces hispánicas, del Instituto Cervantes, que nos ofrece una variedad magnífica para analizar todos los elementos.

Respecto a la cuestión productiva, no hay otra opción que fijarse en la variedad en la que está viviendo el estudiante y en la variedad que tiene el profesor. Debemos tener una mentalidad flexible, evitar prejuicios, falsas ideas, sobre todo, lo ecléctico en este plano, es importante. Tener muchas muestras ayuda al estudiante a crear una percepción más completa de la pronunciación en español.

Antonio Hidalgo.

Yo también estoy de acuerdo en cuanto a lo que se ha dicho sobre la producción del estudiante. Voy a documentar un caso concreto: el caso de los estudiantes norteamericanos. He sido profesor de fonética y de español como lengua extranjera con estudiantes norteamericanos durante bastantes años. Muchos de estos estudiantes se van a enfrentar a un español que no es el español de España, de la zona centro-norte. No tiene mucho sentido insistirles en que pronuncien la interdental fricativa sorda (la ce), a no ser que ellos voluntariamente decidan optar por esa posibilidad, cosa respetable que, por otra parte, dice bastante de la identidad lingüística. A lo mejor, tienen algún ancestro o abuelo de Burgos. Entonces, el profesor debe ser flexible.

Por otra parte, lo que tampoco puede hacer el profesor es esforzar la pronunciación de los alumnos. El profesor distingue la interdental fricativa sorda de la alveolar fricativa sorda (c / s), pues tendrá que distinguirla en su comportamiento habitual en clase y se la tendrá que enseñar a los estudiantes. Otra cuestión, lo decía también Aaron, es que a la hora de producir, pues no hay por qué exigir al estudiante en función de su realidad cuando salga del aula o cuando vuelva a su país. No hay que forzarle a pronunciar sonidos. En cuanto al catálogo de voces, sería interesante que hubiera tiempo, claro está, porque, a veces, el problema es que el profesor tiene que cubrir un programa y no tiene tiempo. Si hubiera tiempo, pues familiarizar al estudiante de español, en el ámbito de la fonética, por lo menos, los fenómenos básicos más frecuentes relacionadas con la diversidad fonética, por ejemplo, el seseo, la relajación de la ge (no se pronuncia g en prácticamente la mayor parte del dominio hispanohablante), etc.

Aarón Pérez.

Un poco, desprejuiciar. Porque igual que el profesor tiene prejuicios fonéticos de cómo se debe pronunciar el español, el estudiante viene con ese prejuicio de querer pronunciar el español de forma correcta. Pero, ¿cuál?, “quiero hablar como un nativo”, ¿qué nativo?

 

Fuente.

Esta transcripción ha sido extraída del Mooc PDP ELE 2017, Editorial Edinumen.

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